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uchas veces nos hemos
preguntado, ¿somos felices?, y tal vez la respuesta pueda no convencernos, o
tal vez, no gustarnos, o mejor aún, estamos totalmente de acuerdo que el camino
que hemos elegido para ser felices, es el correcto; en todo caso, sería la
mejor respuesta, pero ¿qué nos lleva a éstas respuestas?, ¿Cómo liberarnos de
los miedos, las culpas y las incertidumbres personales, que no nos permiten ser
felices?
Varios pensadores
cuestionan la fé, como algo tangible para que el ser humano trascienda de forma
personal o incluso social, me atrevería a decir que no serviría de nada para
obtener abundancia material o reconocimiento público. Simplemente observemos lo
que apunta a todos los líderes espirituales y su fin – háblese de un Mahatma
Gandhi, Martin Luther King o el Dalai Lama (exiliado político actualmente)- y
que con estos finales parece innecesaria la consciencia de la fé y sus
beneficios.
Pero veamos el otro
lado, el lado espiritual, aquel que todos tenemos, pero que pocos ocupamos, ese
lado que nos permite subsistir a circunstancias extremas, peligrosas, y que,
nos ayuda a salir de dudas constantes. ¿Qué hacemos cuando necesitamos
conectarnos con nuestra divinidad? Existía un alpinista que deseaba escalar el
Everest y estaba preparado para llegar a la cima, de pronto a cierta altura, en
medio de la obscura noche, uno de sus arneses se soltó y quedo en medio de un
abismo colgado de la cintura con sólo la soga que lo sostenía. Entonces el
pidió a Dios que le ayudará a salvar su vida, una y otra vez, cuando del cielo
se oyó una voz que le decía: “…suéltate….si tienes fé …suéltate…..” el
alpinista sintió que debía hacerlo pero conocía el riesgo que existía al
soltarse, y decidió no hacerlo, y volvió a pedir ayuda y recibió la misma
contestación; después de tanto pedir ayuda y no recibirla se quedó dormido,
colgado de la soga, y a la mañana siguiente a dos metros sobre el lago que
rodeaba el Everest, amaneció muerto por hipotermia. En esos momentos de duda,
incertidumbre, es en los únicos momentos en que decimos: “…Diosito
ayúdame…” y ¡oh sorpresa! que la “ayuda”
pensamos que no llega. El problema de la fé va más allá del sólo pedir, va en
función de lo que realmente sienta tu corazón para pedir, de hecho, el pedir
evidencia la falta de lo que estas pidiendo y de esta forma nunca llegara. La
forma en que uno tiene fé es simplemente dejarse llevar por lo que sientes en
el corazón, dejar que las cosas se solucionen por si solas como por arte de
magia. En el relato anterior nos damos cuenta que la fé la estamos
condicionando a que las cosas sucedan como queremos, cuando queremos, pero no
nos dejamos llevar por esa fé que no condiciona, y que incluso, nos llegará más
de los que necesitamos, te invito a que reflexiones sobre tu fé.
La fé es creer que tu
suerte cambia, aún, cuando no hagas nada extraordinario para cambiarla, es
creer que eres feliz aún, en las circunstancias menos favorables, creer que
existe tu divinidad y que los ángeles están de tu lado y que trabajan para
darte eso que necesitas y que te hará feliz, sea material o espiritual, creer
no es otra cosa que confiar en ti y en tu interior conectado a tu divinidad.
Cree en todo lo que
tu corazón te dice, él es el enlace directo con tu divinidad y los ángeles, tu
voz interior y te aseguro que te darás cuenta que la felicidad esta en tu
interior esperando ser liberada.
