martes, 19 de noviembre de 2013

¿Quieres paz espiritual y felicidad? ¡Cree!



M
uchas veces nos hemos preguntado, ¿somos felices?, y tal vez la respuesta pueda no convencernos, o tal vez, no gustarnos, o mejor aún, estamos totalmente de acuerdo que el camino que hemos elegido para ser felices, es el correcto; en todo caso, sería la mejor respuesta, pero ¿qué nos lleva a éstas respuestas?, ¿Cómo liberarnos de los miedos, las culpas y las incertidumbres personales, que no nos permiten ser felices?
El filosofo germano Frederick Nietzsche se lo preguntaba, e incluso llegó a la conclusión de que no es necesario creer, es necesario buscar la verdad: “¿quieres paz espiritual y felicidad? Cree, ¿quieres ser un apóstol de la verdad? Busca….”. Nietzsche enfocaba su búsqueda a través de garantías cuantificables, el intelecto y la rigidez de acción conductual (acciones enfocadas a objetivos específicos) y aseguraba que con sólo medir el alcance cognoscitivo personal se llegaba a la verdad, al conocimiento, sin necesidad de creer en nada específico, incluso siendo un ferviente cristiano, se alejo a los veinte años de la religión.
Varios pensadores cuestionan la fé, como algo tangible para que el ser humano trascienda de forma personal o incluso social, me atrevería a decir que no serviría de nada para obtener abundancia material o reconocimiento público. Simplemente observemos lo que apunta a todos los líderes espirituales y su fin – háblese de un Mahatma Gandhi, Martin Luther King o el Dalai Lama (exiliado político actualmente)- y que con estos finales parece innecesaria la consciencia de la fé y sus beneficios.
Pero veamos el otro lado, el lado espiritual, aquel que todos tenemos, pero que pocos ocupamos, ese lado que nos permite subsistir a circunstancias extremas, peligrosas, y que, nos ayuda a salir de dudas constantes. ¿Qué hacemos cuando necesitamos conectarnos con nuestra divinidad? Existía un alpinista que deseaba escalar el Everest y estaba preparado para llegar a la cima, de pronto a cierta altura, en medio de la obscura noche, uno de sus arneses se soltó y quedo en medio de un abismo colgado de la cintura con sólo la soga que lo sostenía. Entonces el pidió a Dios que le ayudará a salvar su vida, una y otra vez, cuando del cielo se oyó una voz que le decía: “…suéltate….si tienes fé …suéltate…..” el alpinista sintió que debía hacerlo pero conocía el riesgo que existía al soltarse, y decidió no hacerlo, y volvió a pedir ayuda y recibió la misma contestación; después de tanto pedir ayuda y no recibirla se quedó dormido, colgado de la soga, y a la mañana siguiente a dos metros sobre el lago que rodeaba el Everest, amaneció muerto por hipotermia. En esos momentos de duda, incertidumbre, es en los únicos momentos en que decimos: “…Diosito ayúdame…”  y ¡oh sorpresa! que la “ayuda” pensamos que no llega. El problema de la fé va más allá del sólo pedir, va en función de lo que realmente sienta tu corazón para pedir, de hecho, el pedir evidencia la falta de lo que estas pidiendo y de esta forma nunca llegara. La forma en que uno tiene fé es simplemente dejarse llevar por lo que sientes en el corazón, dejar que las cosas se solucionen por si solas como por arte de magia. En el relato anterior nos damos cuenta que la fé la estamos condicionando a que las cosas sucedan como queremos, cuando queremos, pero no nos dejamos llevar por esa fé que no condiciona, y que incluso, nos llegará más de los que necesitamos, te invito a que reflexiones sobre tu fé.
La fé es creer que tu suerte cambia, aún, cuando no hagas nada extraordinario para cambiarla, es creer que eres feliz aún, en las circunstancias menos favorables, creer que existe tu divinidad y que los ángeles están de tu lado y que trabajan para darte eso que necesitas y que te hará feliz, sea material o espiritual, creer no es otra cosa que confiar en ti y en tu interior conectado a tu divinidad.

Cree en todo lo que tu corazón te dice, él es el enlace directo con tu divinidad y los ángeles, tu voz interior y te aseguro que te darás cuenta que la felicidad esta en tu interior esperando ser liberada.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Día del Maestro ¡¿Hay algo que festejar?!

Hoy festejamos el día del maestro, entre marchas, plantones y desacuerdos a la reforma educativa por parte de la CNTE, que como cada año encuentran -entre otros pretextos- la forma de salir de las aulas para inconformarse con las políticas educativas "impuestas" por el mandatario en turno. Vemos varias perspectivas analizadas con relación a estas marchas, por un lado voces afirman que la maestra Elba Esther maneja éstas para que no la den por muerta (políticamente hablando); otras, que se busca esconder la realidad de la reforma con relación a la Calidad en la Educación y unas más a sentar las bases de un gobierno priísta "diferente" a lo que se vió durante más de 70 años.

Comentando con familiares, amigos e incluso, con alumnos, la realidad de la Educación en México, es distinta y al parecer nada para festejar. Según una encuesta de opinión, analizada por varios medios radiofónicos, se menciona que el maestro como institución, no es confiable a pesar de que no podemos generalizar sobre los maestros, ya que son una minoría la que se ha lanzado a las calles a satanizar la Reforma Educativa. No pretendo catalogar al maestro como un ente social que contamina a los alumnos, recordemos que durante muchos años en México la figura del maestro fue venerada como parte importante del desarrollo de una comunidad, hablando en épocas post-revolucionarias donde tanto el cura de la iglesia y el médico junto con el maestro eran figuras emblemáticas de respeto dentro de la sociedad mexicana y que con el paso de los sexenios se ha desvirtuado hasta lo que hoy conocemos. Este quehacer institucional que los maestros juegan con el rol de sindicalistas, no es otra cosa más que patadas de ahogados de personas llamadas profesores, que con afán de no trabajar pretenden coartar la educación de alumnos de nivel básico con el fin de justificar su incompetencia y nula vocación para dar clases. Cuando el papel del maestro dentro del aula se pretende fundamental para la formación de las generaciones futuras basado, no sólo en los conocimientos adquiridos mediante su profesión, sino además y parece lo fundamental, la vocación. Confrontar la docencia como base del ser humano dedicado a la educación es el pilar de la formación en las aulas, la vocación como lo menciona la RIEMS (Reforma Integral de Educación Media Superior) debe de ser la parte en donde el docente desaprenda para reconocer que necesita aprender  (competencias docentes) pero al parecer este proceso es crítico ya que como docente no están  dispuestos a que les digas que no hacen bien las cosas. 

         

Vemos pues que existen muchos argumentos a favor y en contra, pero que lo más importante, es que como docentes somos humanos que trabajamos con humanos, con la finalidad de "formar" personas con las habilidades y competencias necesarias para enfrentarse a la vida, y que en este proceso debemos evaluar que tanto damos lo mejor de nosotros para que los alumnos lleguen a la metacognición y reconozcan su potencial como seres humanos. 

Vernos como docentes desde una perspectiva más humana y menos egocentrista nos permitiría reconocer nuestros errores y así, modificar conductas dañinas a largo plazo que permearían en todos los niveles educativos, dejando de lado, instituciones, sindicatos, etc. La educación, como la libertad de pensamiento, llevaría a otro nivel a los alumnos donde encontrarían la razón de pertenencia, tanto en un ámbito familiar como social, y con esto lograr desarrollar un pensamiento más puro y basado en valores que se han perdido o que más bien ya no son importantes.

Desde mi perspectiva y experiencia, la educación no debe ser sólo institucional y tradicional, sino abierta y constructiva, lo que haría que cada alumno que pasa por las aulas encontrara su misión de vida, su importancia personal, su desarrollo humano y su capacidad de análisis, con esto cualquier circunstancia de vida, se resolvería desde un punto de vista más humano.

Hemos llegado al punto como seres humanos, que dejamos de lado el valor de la vida como algo emocional o espiritual, volviendo todo nuestro entorno en una pantalla donde sólo somos espectadores y no protagonistas de nuestra vida. No nos permitimos fallar, o llorar, o sentir, porque no hay tiempo, pero no olvidemos que parte de nuestra historia de vida se basa en las relaciones personales y en nuestros sentimientos y hoy eso, se está volviendo cosa del pasado. Darnos la oportunidad de sentir, emocionarnos, llorar, reír o enojarnos también es parte de la educación, cada día en cada hora aprendemos a amar y conocer a nuestro prójimo, no encasillemos a la educación en un proceso conductual, hagamos que la docencia sea un sentimiento compartido por medio de la vocación, y festejemos la parte emocionante de ser docente que a mi parecer es lo más importante de dar clases.

Festejar, se puede dando lo mejor como docente cada día, no estigmaticemos el día del maestro como una ocasión para hablar mal o para quejarse del sistema. El sistema seguirá y tal vez no cambiara; cambiemos como docentes y cambiaremos la perspectiva de la sociedad mejorando su calidad de vida, seamos humanos y tratemos de esa forma a quienes han confiando en nosotros para enriquecer su vida y adquirir herramientas para mejorarla.

No hay que festejar, si no hay compromiso, no hay que festejar, si no hay vocación, festejemos pues el día del maestro, utilizando las herramientas con las que contamos para ser y hacer mejores seres humanos.


lunes, 25 de marzo de 2013

Ganemos flexibilidad

Ganemos flexibilidad: ¿Te cuesta aceptar los cambios que trae la vida? La rigidez es una armadura que en ocasiones puede servir de protección, pero en muchos casos, te aleja de tus objetivos y de la gente que amas. Acá tienes unas claves para ser más flexible y feliz.

viernes, 22 de marzo de 2013

Las lealtades... Son cargas...

Hace unas semanas estuve platicando con Lorena Córdova quien te ayuda a hacer constelaciones, y fue una experiencia diferente a lo que ya había conocido, no pretendo contar mi expereriencia, pero si cual es mi punto de vista sobre este proceso, que junto con otras actividades que realizo, me ha permitido reconocer en mi, ciertos comportamientos que no caben en mi mente por dolorosos que puedan ser y aquí les comparto algo de lo que me permití reflexionar...

Dice Baghavan... esta menté no es mi mente....dice Ramana Maharashi...la mente es ilusión... Pero cuando le damos poder a la mente por medio del ego se vuelve un mar de pensamientos que se convierten en emociones, que terminan por ahogarte de recuerdos y sensaciones que en muchas ocasiones no son saludables para nuestra alma. Las creencias que se han convertido en los pilares de nuestro ego permiten que no pienses con libertad sino con la poca tolerancia que te deja tu ego para actuar... Pero ¿cómo actuar ante estos pensamientos?

Cuando analizamos situaciones específicas que determinan una decisión sobre nuestros pensamientos, el ego no nos permite decidir en función de nuestros sentimientos sino de nuestras creencias. Mucha diferencia sería que no intentáramos tener pensamientos.

Por eso el punto de partida es nosotros mismos, es decir, cuando tenemos un pensamiento lo juzgamos en relación a nuestros paradigmas, estos, actúan como una ley o norma que ayuda a la mente a reconocer si ese pensamiento es bueno para nuestro ego, no para nuestra consciencia, esto nos lleva a actuar de acuerdo a los paradigmas que tenemos, un ejemplo claro es el ayudar a alguien, en ocasiones cuando vemos a alguien que necesita ayuda- pero que no nos la ha solicitado- analizamos si la merece como si nosotros decidiéramos su futuro inmediato - ayudarle porque se lo merece o no- y actuamos en consecuencia, esto nos lleva a reconocer que nuestros paradigmas solo ayudarían a aquellas personas que según nuestro ego la merecen por la razón que sea, que puede ser desde "...esta a mi nivel..." ó "... El o ella pueden sol@s..."

Aquí lo que Baghavan nos dice es que tu debes ayudar no en función de tu ego o paradigma, sino en función de tu corazón, ya que es a través de este que estas conectado a tu divinidad y es ahí, donde decides no en tu mente, ni tampoco en relación de la gente que te rodea, no importando si decides o no ayudar, ya que sí no lo haces no estará mal y si lo haces tampoco serás juzgado. Sólo eres tu el que debe decidir de acuerdo a lo que tu corazón te dicte.

Estas decisiones que pueden estar basadas en nuestra mente, no pertenecen a nosotros y como lo dice Baghavan tampoco son nuestros pensamientos, en consecuencia debemos actuar desde nuestro interior para otorgarnos esa realidad que desde el fondo de nosotros quiere actuar...

Me he permitido desde esta mi realidad transmitirle a mi interior la necesidad de sentir mis errores y animar mis anhelos para congratular a mi ser, no es una tarea sencilla el adular a tu ego partiendo de tu consciencia, ya que esta no le es grato cuando tu decisiones no son en función de ella, pero, esto te permitiría reconocer los apegos que manejan a tu mente, o como ahora le llaman "lealtades".

Ahora retomando lo que arriba mencionaba en relación a las lealtades, estas son un reflejo de nuestros padres que a través del tiempo vamos adecuado a nuestras vidas y tomándolas como parte de nuestras decisiones y preocupaciones diarias. Les explico: cuando en tu familia han existido familiares que se caracterizan por ciertas decisiones que en ocasiones los marcan por sus acciones, muchas veces nosotros en cierto momento adquirimos esas decisiones personales, ya sea por así convenirnos o porque inconscientemente no nos percatamos que las hacemos nuestras. El problema viene cuando nos encontramos en este proceso de despertar de la consciencia, nuestras acciones están íntimamente relacionadas con nuestro interior y al ponerlo en práctica, interfieren las lealtades que consideró se vuelven cargas pues las vemos reflejadas en los demás, esto genera incomodidad en nuestro interior y así las vemos reflejadas en nuestros familiares, amigos o personas cercanas.

Si llegáramos a percibir estas incomodidades lo mejor será observarlas y permitir que emanen de nuestro interior para que así podamos reconocerlas y en ese momento dejarán de ser incómodas. No es un proceso fácil pero que seguramente con la práctica nos permitirá sanar y cambiar esas lealtades que no han sido de utilidad en este proceso de despertar de la consciencia.