Soy Francisco Manuel Espinosa Sámano. Tengo 35 años de edad, nací en el Distrito Federal, terminé la carrera de Contador Público, en la Escuela Superior de Comercio y Administración Unidad Tepepan perteneciente al Instituto Politécnico Nacional.
La mayoría de mis familiares han tenido la fortuna de ser maestros en diferentes niveles, desde primaria hasta nivel superior pero, en lo personal, no me llamaba la atención ser docente.
Durante el desarrollo de mi vida profesional la experiencia me llevó a la iniciativa privada en donde las actividades que realice fueron acordes a mi perfil, pero al no encontrar una satisfacción personal sobre lo que hacia decidí regresar al gobierno.
Después de 13 años de ser personal administrativo me otorgan una jefatura de departamento y la posibilidad de apoyar en la parte docente, y es en este momento en donde me doy cuenta que dar clases es algo tan gratificante como peligroso, ya que puede llenarte de gozo o en un instante, ser como la policía (todo lo que diga puede ser usado en mi contra), y entonces decidí estudiar una maestría que me abriera la perspectiva de la educación. Por suerte encontré ese gusto por dar clases que seguro muy interiormente lo traía de mis familiares.
Así fue que encontré una satisfacción tan grande en ser docente y compartir con mis alumnos todo eso que soy y que a cada instante voy cambiando para mejorar.
Transmitir en cada clase la necesidad de superarse y de encontrar en el estudio todo ese bagaje de conocimientos necesarios para desarrollarnos de una mejor manera.
En esta etapa de mi vida, la labor docente, es un reto constante por conseguir más conocimiento y aplicar mejores técnicas, métodos y principios psicológicos o pedagógicos para abarcar todas las posibles formas de comportamiento de los alumnos.
En general me gusta platicar mucho con mis alumnos para conocerlos mejor y entender su forma de aprender, esto con el fin de saber como llegan a la meta memoria.
Como jefe de departamento tengo contacto directo con alumnos de 5º y 6º semestre y platicar con ellos fuera de las aulas, me ha ayudado a darme cuenta de las necesidades que tienen más allá de las académicas, y que podemos darles esos pequeños consejos que podrían hacer la diferencia entre desertar o continuar sus estudios.
Realmente como docentes, somos más que profesores, somos sus confidentes (claro si logramos la confianza) y podemos alcanzar tantas cosas positivas acercándonos, que esa es la recompensa más grande, el lograr cambiar la actitud de un alumno para bien.
Finalmente es para mi una gran oportunidad poder compartir conocimientos, tips, anécdotas para conocer más esta labor tan noble y que me llena como ser humano.
Saludos Cordiales.
Mtro. Francisco Manuel Espinosa S.
comentario de prueba
ResponderEliminarProfesor Manuel:
ResponderEliminarHe leído con atención sobre la aventura de ser maestro y me gustaría comentarle que su honestidad al reconocer cuándo una actividad no le había sido atractiva, cuándo le interesó de tal forma que le motivó a prepararse con una maestría y que conocer la importancia de la labor docente le ha sesibilizado para dejar huella en los estudiantes... me parece que muestra un gran compromiso y responsabilidad de la actividad que realiza. Le felicito.
Hortensia Ordóñez Ramos
Maestro Manuel:
ResponderEliminarEn su escrito se nota el amor y compromiso que tiene por esta profesión de maestro.
Me identifico mucho con usted, pues yo también soy contador público, vengo de familia de maestros y ¿Cómo es que llegamos a ser maestros? ...como dice mi padre la docencia se trae en la sangre.