“En el mismo río entramos y no entramos,
pues somos y no somos”
Heráclito
Este comienzo de donde se parte para una crítica al pensamiento filosófico de Heráclito, se interpreta como tal, como un proceso universal que esta en constante cambio a través del tiempo y el espacio en donde somos una pequeña parte de un todo que conjuga su estructura para ser un pasajero del tiempo. Heráclito plantea su filosofía en un cambio constante; es por eso que a partir del cambio dejamos de ser los mismos, (no podemos entrar siendo los mismos al río). La afirmación fundamentada de Heráclito del cambio incesante nos hace reflexionar sobre la actualidad de esta filosofía que antecede a todo ser en un proceso de reestructuración interna constante, es decir, nuestros pensamientos, nuestros intereses y nuestro comportamiento son victimas del tiempo que nos ocasiona una “actualización” de nosotros como individuos para poder seguir vigentes en la vida constante. Pero ¿Qué tan pesimistas u optimista somos a este cambio?, ¿Realmente el cambio trae un proceso continuo de nacimiento y destrucción?.
Para Heráclito en primera instancia afirma que…”el ente deviene, todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nadie escapa”. A primera vista nos topamos con una incógnita que en ocasiones puede no ser tal: “el ente deviene”; Heráclito reflexionaba que el ser con forme transcurre va “cayendo” se muere, y para poder continuar, utiliza su inteligencia y con esto comienza una movimiento interno que provoca una reflexión acerca de –permítase la expresión- “renovarse o morir” en donde ese decaimiento provoca que resurja el ser para posteriormente cambiar y adaptarse al –ya sea- medio ambiente, o su propio entorno “familiar” , y apunta: “Se engañan los hombres(…) acerca del acontecimiento de las cosas visibles, de la misma manera que Homero, que fue el más sabio de todos los griegos. A él, en efecto, unos niños que mataban piojos lo engañaron, diciéndole, - cuanto vimos y atrapamos, tanto dejamos; cuanto ni vimos ni atrapamos, tanto llevamos”1
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1 Historia de la Filosofía González, Zeferino (2ª ed.) Madrid 1886, tomo 1, páginas 112-115, http://www.filosofia.org/zgo/hf2/hf21032.htm
Es básico tomar en consideración dentro de este contexto filosófico el hecho mismo de que el ser es inteligente, pero para Heráclito no es así, ya que lamenta que la mayoría de las personas vivan relegadas a su propio mundo, incapaces de ver lo real. El orden real coincide con el orden de la razón, una armonía invisible, mejor que la visible. Y así retomamos la idea arriba mencionada para que el cambio dentro del ser exista no solo en su reflexión personal sino en su ambiente terrenal y cultural, más allá del conocimiento, el cambio radica en destruir –como lo dice Heráclito- para nacer con una nueva perspectiva hacia donde se dirige el ser cambiante. Es aquí donde comienza esta crítica que hace alusión sobretodo a la forma filosófica que Heráclito utiliza para referirse al mundo en donde solo el devenir cambia, es decir, para que exista un cambio debes dejar tu yo para ser tu yo actual. La frase inicial interpretada por varios autores como “ no se puede entrar dos veces en el mismo río”, nos hace reflexionar de manera positivista.
La intención de esta frase interpretada supone el siguiente pensamiento:
La corriente de agua constante no es la misma por esta razón cuando entramos en el agua con cualquier pensamiento o idea, se plasma un instante fotográfico para nuestra mente en donde el momento queda escrito, pero la corriente continua, y si después de algún tiempo regresamos a ese mismo río, en el mismo lugar y volvemos a entrar ya no seremos los mismos ni en idea ni en pensamiento, de esta manera se interpreta gráficamente este hecho, pero reflexivamente, se considera de la siguiente manera:
Cuando asistimos a la escuela -1º de secundaria- y tomamos clase, los conocimientos adquiridos se quedan en nuestra mente como fotografías, y si tiempo posterior regresamos, es decir, cuando estemos cursando la licenciatura, ya nuestros pensamientos e ideales cambiaron y obviamente la escuela –tal vez no en su forma física-también habrá cambiado.
Finalmente respondemos a las interrogantes anteriores; ser un ente inteligente, trae como consecuencia la transformación interna y por consiguiente externa lo que concluye en una “actualización” del ser para no morir en ese devenir y adaptarse a este mundo (el mundo de Heráclito).
Otro aspecto importante es la inteligencia que menciona Heráclito ya que para él la mera acumulación de saberes no forma al verdadero sabio; lo sabio es “uno y una sola cosa”, hay que agregarle una actitud crítica e indagadora. Hay que acumular conocimiento que llamaremos “bueno” para transmitir conocimiento “bueno” no solo conocer por conocer sino diversificar y elegir el conocimiento.
Esta idea la plasma en una ley que denomina Logos que afirma lo antes expuesto en cuanto a un cambio “…todo es un cambio incesante…” ¿¿¿ Constante???
Para Heráclito como para algunos filósofos griegos, el mundo procedía de un principio natural ( como para Tales el agua y Anaxímenes el aire) el fuego, erróneamente mencionaba que es el principio, medio y fin de las cosas, que todos los seres deben considerarse meras transformaciones y derivaciones de este fuego. Estas transformaciones son fatales y universales; fatales por que están sujetas al Destino y universales por cuanto se extienden a todos los seres sin excepción. Al hacer Heráclito mención de lo anterior se deduce que las transformaciones fatales son aquellas que acaban con el ser (cuando muere) y las universales refiriéndose también a los animales y al ser humano.
En este sentido reflexionamos sobre el “fuego” según Heráclito somos parte de este fuego, de manera que aportamos “leña” para que este nunca se extinga, nuestra alma es solo una pequeña chispa de este gran fuego y somos los que atizamos con las guerras esta llama, solo somos el conducto para generar más.
Por último de Heráclito también es la doctrina cosmológica del eterno retorno, lo mencionamos solo como algo adicional en donde se ve envuelto todo este pensamiento filosófico del cambio que así llamamos y que aún en nuestros tiempos y pensamientos analíticos debe ser válido, pero la pregunta que hacemos finalmente y que quedará como marco de esta crítica…, ¿Es caduco el pensamiento de Heráclito sobre el eterno retorno, analizado desde un contexto teológico?